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Arte y activismo: un vínculo eterno

¿Por qué solo recordamos o nos conmueven ciertas cosas, pero olvidamos o no nos importan otras? Uno de los factores esenciales a la hora de formar nuestros recuerdos es la emoción: cuando una experiencia nos mueve se convierte en memorable y permanecerá en nuestros recuerdos.

En un mundo en el que estamos saturados de información es fácil sentirse desconectados y anestesiados, en otras palabras: no preocuparnos mucho por las cosas. Sin embargo, el arte puede funcionar como el catalizador de la acción: agitándonos y haciendo que reconectemos con el mundo y los unos con otros. El arte conecta con la emoción y apela a nuestra sensación de asombro: moviendo nuestros corazones y tocando nuestras mentes. Abrimos nuestros ojos a cosas que intentábamos ignorar o simplemente desconocíamos. Y este despertar puede resultar en acción que, a su vez, puede resultar en cambio.



El arte, por lo tanto, puede lograr cambios. Los artistas no solo tienen el poder de hacernos sentir cosas, sino también comprenderlas con nuestras mentes. Se nos invita a cuestionar antiguos valores y creencias, las instituciones que nos gobiernan y nuestra visión del mundo y cultura. El activismo artístico puede, además, tomar muchas formas y en distintos lugares, llevando el arte fuera de los museos.

Algunos ejemplos relevantes

El activismo artístico más conocido es probablemente el street art. Visualmente atractivo y accesible a todo el mundo, el street art es el lienzo perfecto para plantear temas sociales y políticos. Y cuando hablamos de street art político, hablamos de Banksy. Posiblemente el artista grafitero (con identidad anónima) más celebrado, algunos de sus trabajos más icónicos tratan de temas muy controvertidos como el Brexit, el capitalismo o la autoridad policial. La influencia de Banksy es enorme: ha conseguido convertir la contracultura en mainstream o cultura dominante y su arte ha pasado a ser parte de un vocabulario cultural colectivo.



Un movimiento de vida corta pero con un legado increíble, el Dadaísmo se extendió por Europa alrededor de 1916 como un movimiento reaccionario con una nueva ideología que se cuestionaba los valores sociales y la cultura moderna y su obsesión por la razón y la lógica. Duchamp o Tzara (los artistas más famosos del movimiento) compartían el ideal de transformar tanto el arte como la sociedad a través del arte y el humor. Su visión se refleja en el propio nombre del movimiento, una palabra sin sentido. La ideología del Dadaísmo alimentó otros movimientos artísticos posteriores como el Surrealismo y a artistas más contemporáneos como Maurizio Cattelan, conocido por su inodoro de oro sólido de 18K, instalado para ser utilizado en uno de los baños del Guggenheim Museum.

El arte también tiene el poder de poner en el punto de mira a temas de género y desigualdad. Guerrilla Girls es un grupo anónimo que ha estado activo en Nueva York desde 1985. El grupo activista se formó en 1985 porque el museo MoMA de Nueva York organizó una exposición titulada “An International Survey of Painting and Sculpture” en la cual sólo se incluían 13 mujeres en un total de 169 artistas. Los/as miembros del grupo permanecen anónimos, porque creen que su causa es más relevante que su identidad. Colocan posters en espacios públicos, organizan manifestaciones, dan charlas y publican libros pero lo más importante es que exponen desigualdades arraigadas y generan reacción y, por lo tanto, cambio.



Y, finalmente, un icono de la cultura pop: Keith Haring. Con un estilo de dibujo único y casi infantil, su arte criticaba el capitalismo, el consumismo masivo y temas cruciales en los 80, como la Guerra Fría, los derechos de personas con VIH o los derechos LGBTI. Gracias, Haring.

Hay cientos de ejemplos de activismo artístico a lo largo de la historia y artistas que, a través de su arte, han cambiado el modo en el que vemos el mundo. El arte es extremadamente poderoso y, en una era en la que todos tenemos una cámara en nuestro teléfono y estamos hiperconectados, todos podemos llegar a ser activistas al compartir las cosas que nos mueven y ejercer un cambio real en el mundo.

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